Crecimos entre pantalanes, motores y atardeceres en la Bahía de Palma. Para nosotros el mar nunca fue un destino de temporada, sino la forma de vivir la isla durante todo el año: las calas a las que solo se llega en barca, el silencio del agua a primera hora y esa última luz naranja antes de volver a puerto.
Durante años vimos cómo las grandes plataformas convertían un día en el mar en algo impersonal y caro. Quisimos hacer justo lo contrario: una sola embarcación, grupos reducidos y un trato directo, de persona a persona, desde el primer mensaje hasta que te despedimos en el muelle.