Mallorca tiene más de 260 kilómetros de costa, y sus rincones más bonitos casi nunca salen en las guías: están escondidos tras un cabo, sin carretera ni sendero que baje hasta ellos. Desde el agua, en cambio, están a un golpe de ancla.
Por qué las mejores calas no salen en las guías
Las calas más fotografiadas se llenan en julio porque tienen aparcamiento y un chiringuito al lado. Las que de verdad merecen la pena no tienen ni una cosa ni la otra. A algunas se llega tras una hora de sendero sin sombra; a otras, sencillamente, no se llega por tierra. Ahí es donde entra la barca.
Tres rincones para echar el ancla
Elegimos dónde parar según el viento del día, pero estos tres casi siempre entran en el plan:
- Una cala de arena blanca y agua turquesa, resguardada del viento del norte.
- Una ensenada de roca con cuevas que se exploran a nado, perfecta para snorkel.
- Un fondeadero tranquilo bajo un acantilado de pinos, ideal para comer a bordo.
Cómo es un día de calas con nosotros
Salimos del Club de Mar, ponemos rumbo según el parte del día y vamos parando donde el agua pide bañarse. El patrón conoce los fondos y fondea sin dañar la posidonia, así que tú solo piensas en saltar al agua. Si te apetece, añadimos el picnic mallorquín y comemos fondeados, sin prisa por volver.